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Globalización cultural

Es la ‘menos técnica’ de todas las globalizaciones. La globalización cultural no entiende de cifras, datos, números, politiqueo, negocios, geoestrategia… Es una globalización sencilla pero que entraña dilemas y reflexiones muy profundas.

Cuando afecta a la cultura, la globalización se caracteriza por un proceso que interrelaciona las sociedades y culturas locales en una cultura global. Existe un interesante debate sobre si se trata de un fenómeno de asimilación occidental o de fusión multicultural.

Normalmente se entiende por globalización cultural a la expansión de la cultura occidental por todo el mundo. Con esta occidentalización, las prendas, música, modas, formas de actuar, pensamiento, etc. adquieren dimensiones y presencia globales. Las tendencias occidentales se difunden por todo el mundo, y se adoptan en países como Brasil, Egipto, Malasia, Bolivia o la India. Hoy en día se pueden ver camisetas de fútbol de equipos europeos en cualquier país del mundo, así como zapatillas de Nike o películas de Hollywood.

globalisation

La globalización cultural encuentra mucha oposición y críticas, la mayoría enfocadas en lo que muy bien representa la viñeta de la derecha: con la difusión y adopción de una única cultura global, todas las personas acaban siendo iguales.

Es Occidente quien dicta el rumbo y el ritmo de la cultura, estableciendo lo que se conoce como ‘modas’. La moda musical, la moda gastronómica, la moda de vestir… etc. Es desde Occidente (principalmente desde Estados Unidos y Europa Occidental), desde donde se exportan las modas.

Si en Estados Unidos está de moda vestir con los pantalones bajados, en el resto del mundo la tendencia seguirá esos pasos. Desde Brasil hasta Corea, pasando por Marruecos, Italia o Taiwan. Si en Inglaterra está de moda escuchar a cierto ídolo juvenil, sus canciones se emitirán en las radios argentinas, sudafricanas, australianas y españolas. Si la Champions League la gana en Fútbol Club Barcelona, serán las camisetas blaugranas las que se vistan en todos los países del mundo.

Es en el Centro (lo que los autores anglosajones llaman ‘the Core’), donde se crean las tendencias y modas que determinan la cultura global, reflejada en la música, forma de vestir, televisión, comida, forma de hablar… Aunque también es cierto que, en ocasiones (y gracias al fenómeno de Internet), tendencias de países no-occidentales pueden adquirir fama en Occidente y en el resto del mundo. Un ejemplo lo tenemos en los éxitos musicales Ai se eu te pego (Michel Teló, cantante brasileño) o Gangnam Style(PSY, cantante surcoreano), una clara muestra de que no importa el idioma ni la nacionalidad, sino la moda.

Aunque no está directamente relacionado con el concepto de ‘globalización cultural’, el siguiente fragmento del Manifiesto del Partido Comunista (Marx, K y Engels, F, 1848) aporta quizás la primera visión y crítica de este fenómeno:

“Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas y están destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas indígenas, sino materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo, y cuyos productos no sólo se consumen en el propio país, sino en todas las partes del globo. En lugar de las antiguas necesidades, satisfechas con productos nacionales, surgen necesidades nuevas, que reclaman para su satisfacción productos de los países más apartados y de los climas más diversos. En lugar del antiguo aislamiento y la autarquía de las regiones y naciones, se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones. Y esto se refiere tanto a la producción material, como a la intelectual. La producción intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan de día en día más imposibles; de las numerosas literaturas nacionales y locales se forma una literatura universal.” (Manifiesto del Partido Comunista, 1848)

De entre todas las ideas que se presentan en el Manifiesto y en este fragmento, una de las más interesantes, en relación con la globalización cultural, es la que sugiere esta frase: “En lugar de las antiguas necesidades, satisfechas con productos nacionales, surgen necesidades nuevas, que reclaman para su satisfacción productos de los países más apartados y de los climas más diversos.”

Esta frase, escrita por Marx y Engels en 1848, refleja dos realidades que siguen siendo muy actuales: la creación de necesidades y el consumo de productos extranjeros. En cuanto a la primera, es muy interesante observar cómo hace casi dos siglos Marx y Engels ya advirtieron de este fenómeno: el sistema económico crea necesidades de consumo. Directamente relacionado con lo analizado en el apartado  ’El consumo’, el hecho de que surjan necesidades nuevas hace que la población caiga en la trampa y pase de ser personas para convertirse en consumidores.

Por otro lado, la globalización del consumo ha supuesto que en la sociedad desarrollada y moderna se consuman bienes venidos “de los países más apartados y de los climas más diversos”, es decir, de todo el mundo. Consumimos alimentos de otros países, productos electrónicos del otro lado del Océano, ropa de moda de otras culturas, música de artistas extranjeros, programas de televisión de canales internacionales… etc.

Según Marx y Engels, este consumo globalizado ha crecido en detrimento del consumo nacional y local. Se prefiere una hamburguesa del McDonald’s antes que un plato tradicional del pueblo, y vemos películas de acción de Hollywood antes que cine de autor de nuestro país. En este sentido la globalización cultural ha provocado lo que refleja la viñeta anterior: todos somos iguales.

La globalización cultural, aunque en cierta manera es sinónimo de progreso y modernidad, supone a la vez una progresiva desaparición de valores tradicionales y nacionales, cuya reivindicación, en vez de ser tachada de excesivamente patriótica o anclada en el pasado, tendría que ser defendida por aquéllos que no quieren ver cómo se pierde la identidad de los pueblos del mundo.

No está mal comer un BigMac (la hamburguesa más famosa del mundo), lo que está mal es olvidar la gastronomía tradicional o local, y fomentar de esta manera que sea el BigMac la comida preferida de todos los habitantes del planeta.

RELACIONADO: Ver el apartado ‘Fastfood’ (en modo #FastPost)

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